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La psicología detrás de los coleccionables en productos de consumo masivo

Las marcas han desplazado su estrategia comercial hacia la nostalgia, apelando a recuerdos infantiles para fomentar la lealtad de los consumidores adultos.

Redacción El Emisario
Foto: xataka.com.mx

En el mercado mexicano actual, la estrategia de comercialización de productos icónicos como el Gansito ha experimentado un giro significativo, alejándose del público infantil para enfocarse directamente en los adultos. Esta transición responde a un fenómeno psicológico donde la compra de un artículo no está motivada por la necesidad fisiológica de alimentarse, sino por el deseo de reconectar con las emociones y vivencias de la infancia. Al integrar coleccionables en sus empaques, las empresas no venden solo un producto, sino una experiencia de gratificación emocional que apela a la identidad del consumidor.

El marketing de la nostalgia aprovecha la capacidad del cerebro para asociar estímulos visuales y sabores con recuerdos positivos de etapas anteriores de la vida. Para un consumidor adulto, encontrar un objeto que evoca la década de los noventa o principios de los dos mil funciona como un ancla emocional que reduce el estrés cotidiano. Las marcas han identificado que este segmento poblacional posee mayor poder adquisitivo y una disposición más alta a realizar compras impulsivas cuando el producto promete un regreso simbólico a una época de menor responsabilidad.

Expertos en comportamiento del consumidor señalan que este tipo de campañas no son casuales, sino el resultado de análisis sobre la lealtad de marca a largo plazo. Al convertir un producto de consumo básico en un objeto de colección, las empresas logran que el cliente adquiera múltiples unidades del mismo artículo, buscando completar una serie. Este comportamiento trasciende el valor nutricional del producto y se instala en el terreno de la gratificación psicológica, donde el objeto se convierte en una pieza de museo personal o un elemento de conversación social.

La efectividad de esta estrategia radica en su capacidad para transformar un acto cotidiano, como visitar una tienda de conveniencia, en una búsqueda de tesoros del pasado. Mientras el público infantil sigue siendo un objetivo, la rentabilidad de las marcas se ha consolidado gracias a los adultos que buscan revivir momentos específicos de su formación. Esta tendencia refleja una evolución en la comunicación publicitaria, donde la conexión emocional con el pasado se ha vuelto el activo más valioso para las grandes compañías en México.

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